RESEÑA: ‘Hotel Barcelona’ – Como ver una película de culto que no vas a entender
No pasa nada si no entendemos todo a la primera. De hecho, está bien enfrentarse a esos juegos “de autor” que buscan desconcertarte más que complacerte. Hotel Barcelona es justo eso: una experiencia extraña, retorcida y fascinante, como si Goichi Suda (SUDA 51) y Hidetaka SWERY hubieran decidido encerrarte en una de sus mentes y dejarte ahí a tu suerte.

Confieso que antes de este título sabía poco sobre SWERY, pero después de esta locura, quiero saber más… mucho más.
Una premisa tan absurda como inquietante
La historia se siente como una película de Serie B: encarnas a Justine, una alguacil con un carácter demasiado dulce para la autoridad que representa. Tu misión inicial parece sencilla: escoltar a dos prisioneros hacia una ubicación desconocida. Pero un giro del destino te lleva directo a un misterioso hotel… y a ser poseída por el violento espíritu de un asesino serial conocido como Dr. Carnival.
Suena como la fórmula perfecta para el desastre —y, en parte, lo es—. Hotel Barcelona es cruel, extraño y frustrante en la misma medida. Es difícil de entender, difícil de jugar, y sus controles, poco precisos, suelen sentirse injustos. Pero, ¿sabes qué? A veces eso es parte del genio: hacer exactamente lo que se quiere y dejar al jugador intentar comprenderlo.

Tal vez morir te enseñará una o dos cosas
Hotel Barcelona mezcla dos géneros que últimamente dominan la escena indie: el hack n’ slash y la impredecible estructura roguelite, donde ninguna partida se repite igual. A eso súmale controles imprecisos y una mecánica tan brillante como caótica: cada vez que mueres, aparece un clon tuyo que repite todos tus movimientos anteriores. Sí, suena enredado… y lo es.
Tras su posesión, Justine descubre nuevos poderes gracias al diálogo con su huésped demoníaco. Puede atacar cuerpo a cuerpo o a distancia, correr, e incluso bloquear golpes (aunque probablemente olvidarás hacerlo). La mecánica central es simple: escapar del hotel. Pero claro, no será fácil. El lugar está infestado de asesinos seriales absurdamente poderosos que te harán reconsiderar cada paso.

Morirás muchas veces. Y está bien. Cada muerte te permite mejorar tus habilidades en un árbol de progreso donde podrás aumentar tu rango de ataque, defensa o incluso desbloquear nuevos movimientos. Eso sí, todo cuesta —en este caso, orejas y dientes que recolectas de tus enemigos—, un detalle tan grotesco como ingenioso.
Un combate que no siempre coopera
Estoy acostumbrado a morir en juegos como Hades, Returnal o Downwell, pero mi mayor obstáculo aquí no fue la dificultad, sino el control. A veces logré combos espectaculares… que jamás pude repetir. No era cuestión de reflejos, ni de ritmo: simplemente el control se siente tosco, como si algo no terminara de encajar. Es extraño, porque visualmente no es un título exigente, pero en PlayStation 5 hay algo en la optimización que deja una sensación de imprecisión constante.

Una historia que se cuenta a través del caos
La narrativa de Hotel Barcelona recuerda a una partida de Clue o Adivina quién. Cada personaje —desde la protagonista hasta el recepcionista del hotel o el barman— tiene una pieza del rompecabezas. Prestar atención a cada diálogo es crucial, no solo por lo extenso de los textos, sino por su humor ácido y por esa sensación constante de no saber qué acabas de leer.




Lo interesante es que la idea del “hotel” no solo define el espacio físico, sino también la estructura del juego. Es un side-scroller con elementos hack n’ slash y roguelite, donde cada habitación representa un reto, un riesgo o una recompensa. Algunas conducen directamente al jefe final, otras ofrecen mejoras, objetos únicos o incluso salas para apostar todo lo que has conseguido y tentar a la suerte. Nunca sabes qué te espera tras la próxima puerta.
Además, el juego añade un sistema de condiciones aleatorias: Justine, en su forma fusionada con el Dr. Carnival, usa la sangre como fuente de poder. Pero si cae al agua o si llueve, se debilita. Si pasa demasiado tiempo sin derramar sangre, su fuerza se desvanece. Es una idea brillante que refuerza la tensión constante: sobrevivir depende, literalmente, de seguir matando.

Hotel Barcelona es imperfecto, pero inolvidable
¿Qué videojuego puede jactarse de ser perfecto? Pocos, si acaso. Hotel Barcelona no lo es, y tampoco lo intenta. Sus fallos —o “detallitos”, como prefieras verlos— parecen decisiones deliberadas de dos creadores que hacen exactamente lo que quieren. No se detienen a pensar cómo funcionarán cinco mecánicas distintas al mismo tiempo. Simplemente lo hacen, y eso, en sí mismo, es admirable.
Cada muerte, cada clon y cada momento de confusión son parte de una experiencia que mezcla frustración con fascinación. A veces una mecánica que debería ayudarte termina volviéndose tu peor enemiga: tus propios dobles repiten tus movimientos pasados, lo que puede ser útil si recuerdas qué hiciste… o un caos total cuando el campo de batalla se llena de copias tuyas y enemigos imposibles de distinguir. Es tan irónico como divertido.

El arte, las referencias, el sonido y ese humor tan sarcástico que roza lo absurdo convierten Hotel Barcelona en una visita obligada para quienes disfrutan de los retos, los experimentos creativos y, claro, el inconfundible sello de SUDA 51 y SWERY.
No es un juego fácil, ni amable, pero sí uno que se queda contigo.
Éntrale con miedo. Lo pasarás increíble.
*Agradecemos al equipo de Relaciones de Cult Games por proporcionarnos el código de PlayStation para la elaboración de esta reseña










