RESEÑA: ‘Noreya: The Gold Project’ – Un Metroidvania que te convertirá en un vengador o un nuevo faro de esperanza
Decir que un juego es un “Metroidvania”, más que catalogarlo en un género o en un estilo, es un completo halago, y para las personas que gustamos de este tipo de títulos, es un insta buy. Noreya: The Gold Project llega, se presenta como un Metroidvania y se sale con la suya, con la sumatoria de diferentes elementos que lo convierten en una chulada para pasar la temporada.
Anteriormente te hablamos, por ejemplo, de Ultros, otro Metroidvania que se posicionaba como de lo mejorcito del 2024 y que, también, había llegado como un underdog a un mes bastante complicado de lanzamientos (inicios de febrero, finales de enero, tú sabes perfectamente qué salió en ese momento); algo similar pasa con Noreya: The Gold Project. Afortunadamente, las aguas están más tranquilas y tiene la oportunidad de brillar en una industria que se encuentra en constante movimiento.

De parte del Dreamirl Game Studio, estudio de desarrollo basado en Francia y publicado por PixelHeart, Noreya: The Gold Project aterriza en Steam para un posterior lanzamiento en consolas. Con una propuesta innovadora de un sistema de Karma, mapas que te recordarán por qué amabas los juegos clásicos y el famosísimo género anteriormente mencionado, música encantadora y un pixel art que chulísimo que no le pide nada a nadie, nos encontramos con un juego redondo que te mantendrá entretenido por horas, y quizá, dándote un poco de topes en la pared por su dificultad.
Noreya: The Gold Project – La oportunidad de ser un héroe o un ser corrompido por la venganza
La historia es bastante sencilla, pero se desarrolla a lo largo de tu partida (hablaremos de esto más adelante). En Noreya: The Gold Project, encarnaremos a Kali, un personaje que lo ha perdido todo a manos de unas criaturas misteriosas. Ojo que no vamos a decir que “somos la heroína protagonista”, porque aquí es donde se pone sabroso el asunto. Después de quedarse sin nada, decide investigar unas ruinas que prometen darle las respuestas que está buscando, sin embargo, se topa con una difícil decisión: ¿Qué es lo que debe hacer? ¿Mantener su fe o corromperse por la venganza?

En un inicio, pareciera que la decisión más honesta sería mantener la fe y tratar de resolver las cosas de otra manera, sin embargo, ante sus ojos se presentan dos oportunidades: ceder ante el poder que todo el oro del mundo le ofrece, a través del Dios de la Avaricia (Salluste), o bien, buscar la paz y la luz a través de Hemenis, la Diosa de la Luz y la Oscuridad. Aquí es donde encontramos la primera interacción del sistema de Karma, que, en un inicio, no te dirá mucho, pero conforme vayas encontrando las estatuas / altares, cada uno de estos dioses te describirá un poco de lo que puedes hacer con tu devoción hacia ellos.
En Noreya: The Gold Project, tal y como su nombre lo indica, el oro juega un papel importante. Es una moneda que te sirve para todo, desde obtener puntos de habilidad para mejorarte a través de un árbol de habilidades, y hasta para curarte, pues podrás utilizar este tipo de cambio para restaurar corazones. Cada uno de los dioses te pedirá una cantidad de oro, y con ello, te brindará beneficios.
Ahora bien ¿Cuál es la diferencia entre ambos? Que básicamente te dan la oportunidad de jugar dos mapas al mismo tiempo: uno que está basado en el oro y otro donde tendrás que utilizar las luces y las sombras, con un kit de habilidades único que te hará darle una buena vuelta e invertirle una cantidad de horas considerable a este título.

Para nuestra fortuna, es algo que no se siente cansado, eso sí, por momentos sentirás que no encuentras tanta variedad en los escenarios, pero gracias a las habilidades que obtienes durante tu progreso del juego, te darás cuenta que, si bien podríamos agradecer tener escenarios que marquen una diferencia, tampoco es que sean tan necesarios.
Retomando el punto de la historia de Noreya, considero que es muy fácil perdérsela, especialmente, porque en inicio las indicaciones no son tan claras sobre las cosas con las que puedes interactuar o no. Las estatuas que encontramos en los niveles te irán contando poco a poco cómo es que los dioses se fueron separando de los humanos, y es una manera única de conocer más acerca del trasfondo de Kali y este nuevo universo. Quizá no es la mejor forma de presentar la historia, pero cuando menos veas, estarás deseando alcanzar una estatua que se encuentra en lo alto para leer qué es lo que dice.

Una experiencia redonda y fluida, pero con algunos “peros” en el camino
Realmente, la calidad del pixel art en Noreya es una de las cosas más llamativas. A pesar de que el modelo de los personajes o de los enemigos sea en pixeles, luce bastante vivo, y luce bastante bien. Lo mismo ocurre con los escenarios, pues tendrás todo lo necesario para ver el caer de las hojas, el flujo del agua, el aleteo de un enemigo o la exagerada movilidad de las sombras de cuatro patas que te brincan de la nada. El estudio hizo un gran trabajo plasmando tanta vida por medio de este estilo de arte tan particular (y tan difícil).
Por su parte, el sonido es misterioso, es entrañable, tiene tonadas que se te quedarán pegadas por un rato y que incluso, al poner pausa se mantienen, creando un sentido de inmersión extraño y difícil de explicar. Noreya: The Gold Project, suma estos elementos a unos controles que son bastante precisos, aunque algo engañosos para quien no está acostumbrado a este tipo de juegos.

Por ejemplo, la estela de luz que deja nuestra espada muchas veces nos indicará que “sí le pegamos” al enemigo, pero no es así, literal, hay que asegurarnos de que cada golpe cuente. Esto puede no ocurrirle a las personas que sean fanáticas de títulos como Castlevania: Symphony of the Night o con un ejemplo más reciente, de Hollow Knight. No sé exactamente si esto es un problema o no, pero sé que va a frustrar a algunas personas, y si a eso le sumamos que los saltos también pueden llegar a ser engañosos, nos encontramos con una curva de aprendizaje difícil de describir. Por mi parte, no tuve problemas, pero yo no soy todos.
Con esto, también nos encontramos con un tema en los enemigos, y es que básicamente no hay nada que te indique que ya se van a morir. Para mí no es un problema, pero algunos indicadores visuales no estarían de más; perderse en este mundo es tan fácil que incluso en ocasiones, te vas a morir o hacer daño porque algo en los escenarios parecía que no te iba a lastimar, o está tan bien mezclado que no pareciera una amenaza.

Repito, nuevamente, considero que no es un punto negativo del juego, pero sé que a más de uno le representará un reto adicional.
Noreya: The Gold Project – Un juego que sí o sí debes seguir
El sistema de Karma que tiene si bien podríamos decir que no es del todo novedoso para el juego, sí se siente como un giro de tuerca que le aporta bastante frescura a lo que hay en el mercado actualmente. No sé si sea una comparación tan justa, pero me recordó un poco, por momentos, a cuando jugaba InFamous y dudaba si seguir el camino del bien o dejarme llevar por la sed de venganza.
Los controles son bastante precisos, y para un juego de este tipo eso es importante. No tuve problema alguno con el cálculo de mis ataques ni con los saltos, aunque creo que es la costumbre de jugar otras cosas de este tipo (creo que lo más reciente que puedo decir tiene una calidad similar de controles y sensibilidad, es Disney Illusion Island).
Respecto al rendimiento, lo jugamos con una tarjeta gráfica dedicada de gama media, una de última generación y también con gráficos integrados de Intel y vaya que se siente la optimización. No descartamos que pueda haber algunos problemas, tal y como se puede leer en Steam, sin embargo, nosotros no experimentamos ninguno de ellos.
Noreya: The Golden Project es un sí o sí para los amantes del género Metroidvania, la exploración, el desafío y por supuesto, una de nuestras industrias favoritas: la de los juegos independientes.
Agradecemos al equipo de relaciones públicas de Noreya: The Golden Project por el código proporcionado para realizar esta reseña











1 COMENTARIO